martes, marzo 31, 2009

El camino del guerrero protección

Para aquellos que no lo sepan, World of Warcraft ó WoW, es el juego online masivo más jugado de la historia. Adicionalmente es un entretenimiento que es capaz de mantenerme absorto durante horas y al que me dedico diariamente.

Hecha esta pequeña introducción, al lío. Mi primer personaje fue un rogue elfo de la noche. No recuerdo las razones que me llevaron a escoger precisamente esa clase y esa raza, pero en su momento tenían suficiente peso para mí así que eso escogí. El rogue (o pícaro) es una clase debil fisicamente, pero capaz de hacer bestialidades de daño. Sigilo y dagas envenenadas. Un asesino vaya. Alguien cuya función en un grupo es hacer que la vida del jefe enemigo de turno baje lo más deprisa posible. Alguien que aparece por detrás y antes de que te des cuenta de lo que pasa estás besando el suelo. Una maravilla.

Bien, el caso es que lo subí hasta el nivel máximo, que en aquella época era 60. Tuve mucha suerte dado que tenía amigos dentro del juego y el guild que escogí se ajustaba perfectamente a mi andadura "cassual" por el juego. Pero el caso es que me apetecía hacerme otro personaje, alguien con quien me sintiera más a gusto. Y no es que el rogue fuera una mala opción, pero quería algo que siguiera siendo un luchador cuerpo a cuerpo (tendencia que no ha cambiado con el paso de personajes) pero que fuera capaz de aguantar más. Y entonces apareció mi pequeña guerrera, una monada de gnoma capaz de enfrentarse a casi cualquier cosa.

Fue bastante más complicada de subir que el rogue. Por aquel entonces el nivel de dificultad general del WoW era mayor que el actual y subir los personajes no era facil ni rápido. En el caso del guerrero esa dificultad se multiplicaba. No es una clase sencilla de jugar. Pero tiene una mecánica que me encanta y que se reduce a lo siguiente: de primeras puede hacer muy pocas cosas. Pero en el momento en el que ataca o le atacan comienza a llenarse una barra roja que tiene el sugestivo nombre de "Ira", la cual activa habilidades. Casi todas las habilidades del guerrero tienen un coste de ira. Dicho de otra manera, cuanto más "cabreado" está el guerrero más poderoso se vuelve. He probado prácticamente todas las clases que el juego ofrece, pero ésta es con diferencia la mecánica que más me gusta.

Esto implica una cosa: todas las demás clases comienzan el combate al máximo de habilidades.

a) Las clases con barra de maná comienzan con ella al máximo.
b) El rogue comienza con su barra de energía al máximo.
c) El caballero de la muerte comienza con todas sus runas listas.

El guerrero no. El guerrero comienza el combate con lo puesto. Es pegando y recibiendo daño como se gana el derecho de pegar más y más fuerte. Y pegando más y más fuerte se hace más poderoso aún.

Me gusta. Me gusta mucho.

Pero hay otra vertiente del guerrero que me gusta aún más que todo lo anterior: la capacidad de aguantar considerables cantidades de daño sin despeinarse.

Un guerrero correctamente especializado como protector coge su escudo y su espada, se saca pensativamente una maltrecha colilla de la boca y se la coloca en la oreja, echa un vistazo a la monstruosidad de cinco metros de alto que aguarda el ataque un poco más allá¿Crees que el tamaño importa Murmur? Te llevarás una sorpresa, se vuelve hacia el grupo, esboza una sonrisa tranquilizadora, y se lanza a la carga. Su función es recibir los golpes, mantener a ese demonio salido del inframundo y a sus ataques, los cuales obliterarían a practicamente cualquier otro, centrados en él, con una sonrisa en la cara y diciendo "Venga, seguro que puedes hacerlo mejor pequeño". Protege al resto del grupo. Sabe que su función es la de ser el saco de boxeo de ese cruce de toro y locomotora, que su misión es aguantar las leches de esa monstruosa torre de fuego con cara de mala leche, porque nadie más puede hacerlo, que su grandeza es precisamente que esas leches solamente le caigan a él.

Lo sabe. Y le gusta.

Mi pequeña guerrera es protección, un personaje estupendo. Detrás, manejándola, estoy yo. Y hacemos un buen equipo. Ella es buena, y yo tambien. Ponednos un sanador detrás y un enemigo delante. Ese de ahí está pidiendo una operación estética y se la vamos a hacer a escudazos. ¿Listos?

*sonrisa*

Bien, entonces... ¡A LA CARGA!

viernes, febrero 06, 2009

[Connecting...]

[Connection sucessfull]

..y lo peor de todo es esa sensación de hastío, de permanente dejá vú, de historia mascada y de aire ya respirado. En realidad tampoco es tan importante si hay crisis o no, si existe un dios u otro o ninguno, o si los políticos hacen lo que se espera de ellos o lo esperable. No. Pero claro ¿qué es lo importante? A lo mejor no es un "lo" o algo que pueda ser aislado y definido sino que estoy completamente equivocado al intentar abstraer para buscar lineas comunes. Hoy me he dormido y he llegado tarde. Tengo los cojones negros, parece ser por lo visto que tengo los cojones negros. Buuummm, sube a mi naveeeee, tu amiga gorda no cabeee. Como en encuentros en la tercera fase, súbete a esa brillante torre espacial con una mochila, unas gafas de sol y nada más. Deja todo atrás. A fin de cuentas ¿qué hay que merezca la pena? Pues muchas cosas, pero...

[Connection terminated]

martes, diciembre 02, 2008

Autoarretrataura

Pues estaba yo la otra mañana en casa y me hice una foto. Por alguna extraña razón salió curiosa y me gustó el efecto. Cómo sé que hay "menores" que leen el blog os pongo el link abajo XD.

http://www.flickr.com/photos/13251489@N03/3077227856/

viernes, noviembre 28, 2008

Bienaventurados los que lo tienen claro...

... porque de ellos es el reino de los ciegos.

Es hermoso pensar que existe algo más grande que cualquier cosa concebible y me gustan las frases y vivencias que me acercan a Eso.

Sí, nos gusta la gente con las cosas claras. Tienen un brillo especial, un atractivo peculiar. Nos gusta ver su serena figura recortada contra la tempestad mientras la iluminan los rayos. Si alguien ha visto Street Fighter II (no, el horror ese en el que curran Van Damme y Raúl Juliá no, la película de anime, que es un gran título) esta imagen le sonará.


Pero claro, el que quiere estar sereno tiene que pagar un precio elevado. Curro diario. Mucho. Durante mucho tiempo. Y no dejarse desalentar por los sustos y preocupaciones.

En fin, vuelvo al tajo.
¡Salud!

jueves, noviembre 13, 2008

Me dais miedo

Todos. Todos los que no sois yo. Familiares, amigos, conocidos, desconocidos, enemigos. Todos.
Me dais miedo. Mucho miedo. Desde siempre.

Toda valentía que muestre no es más que una máscara, un efímero dominio de ese miedo. Y el miedo que se me nota no es nada comparado con el que siento, presente y real en todas las facetas de mi vida.

Y el que a veces no me lo noteis no quiere decir que no esté; está siempre. Siempre está.

Qué cansado estoy.

lunes, noviembre 03, 2008

¿Honestidad = Sinceridad?

Sin ambages, al lío.

La honestidad es la capacidad de actuar íntegra y rectamente.

La sinceridad es la expresión libre de fingimiento.

Ergo no son lo mismo, aunque se los suela relacionar. La honestidad suele ir acompañada de expresiones sinceras porque se suele hacer la asumpción de que la sinceridad es sinónimo de rectitud.

Bien, pues no es verdad. La sinceridad es simplemente eso, sinceridad.

Digo esto por lo siguiente: vosotros podeis a priori averiguar si soy sincero o no pero no podeis averiguar a priori si soy honesto o no, porque la honestidad es un valor que emana de un hecho interior a la persona: la capacidad de ver una verdad y de actuar de acuerdo con ella.

Lo digo de otra manera: se puede ser sincero con las demás personas y se puede ser honesto con uno mismo; pero no se puede ser honesto con las demás personas. Se actúa siguiendo ese patrón interior o no se actúa según él.

Esto quiere decir varias cosas:
- La primera es que habitualmente una acción que siga ese patrón va acompañada por una capacidad de hablar y de actuar sinceramente. La razón de esto probablemente sea que la sinceridad es lo que a la larga tiene muchas menos fisuras que la alternativa.
- La segunda es que puede no ir acompañada por ella. La razón de esto es que es posible que a la hora de conseguir un objetivo honesto se tenga que fingir (o tal vez mentir) para lograrlo.
- La tercera es que la sinceridad puede ser un vehículo perfectamente válido para un objetivo deshonesto. La razón de esto es que hay un tipo de sinceridad descarnada que puede resultar muy hiriente si se usa de determinada manera.

Ahora bien, surge la pregunta: ¿Y el hecho de mentir no convierte automáticamente ese objetivo en algo deshonesto?
No. No automáticamente al menos. Como jueces supremos de nuestra conducta nos corresponde a nosotros dilucidar lo que es honesto y lo que no. Es la persona la que enjuicia sus acciones y la que ve si lo que ha hecho es honesto o no.

Que miedo ¿eh? Esto da rifles a todos el mundo. Esto nos da la capacidad de elevarnos por encima de los dioses o de sumergirnos más profundamente que el séptimo infierno. Mola. Sigamos.

¿Y entonces la sinceridad no sirve para nada?
Bueno, eso es algo que debe decidir cada cual. A fin de cuentas la sinceridad, como cualquier otra manera de conducirse libremente elegida, debería transcurrir por cauces conocidos y reportar bienestar. Yo opino que es lo más deseable a priori. Pero a priori. Imaginemos a un padre y a un hijo y que el padre tiene el honesto objetivo de animar a su hijo después de un fracaso:

Ej1:
Hijo: Papá, estoy destrozado. Me he preparado una oposición durante tres años. Tres años de vida monacal y me han tirado. No sé qué voy a hacer. ¿Qué me puedes decir?
Padre: Pues claro hijo, si tú eres para el estudio el equivalente a Carmen de Mairena para el buen gusto. Nunca se te ha dado bien desde que te conozco y ya son años. Tu madre y yo te dijimos que era una mala idea dejar el curro ese en el aserradero, que te habían hecho fijo y todo. Pero claro, nunca nos haces caso.

Ej2:
Hijo: Papá, estoy destrozado. Me he preparado una oposición durante tres años. Tres años de vida monacal y me han tirado. No sé qué voy a hacer. ¿Qué me puedes decir?
Padre: Bueno, hijo, aunque ya sabes que yo no estaba de acuerdo desde el principio, nadie puede negar el esfuerzo que has invertido. No ha fraguado pero no pasa nada. Hay más posibilidades.

Seguramente habrá quien opine que el padre del ejemplo uno ha sido más sincero con su sentir que el del ejemplo dos. Es cierto. Pero a la hora de valorar el impacto en su hijo yo creo que no hay dudas acerca de quién se ha acercado más a su objetivo de animarle.
Diferentes maneras de llevar la honestidad y de compartirla. Otro post para otro día acerca de la sinceridad y de cómo la valoro.

¿Y en el caso de que no se pueda maquillar la verdad para hacerla más tragable?
Dependerá de cada caso. Pero la sinceridad, insisto, no es una salvaguarda siempre. Decirle a tu abuela moribunda que siempre la has odiado y que qué gusto que ya nos deja tranquilos, que ella va a descansar en paz pero que nosotros no veas, puede ser el colmo de la sinceridad pero también habrá quien opine que quien lo haga es un bastardo sin corazón.
Pero sin entrar a valorar la acción en sí o si es cierto o no, el hecho de que sea un acto honesto o deshonesto dependerá de la persona que le esté soltando la perorata a la anciana. Si esa persona cree que está haciendo lo correcto, estará siendo sincera y actuando honestamente. Pero si sabe en su fuero interno que la abuela por muy pesada que fuese no se merece semejantes obuses, ya podrá estar soltando verdades como puños por la boca que su actuación será deshonesta. Pero claro, esto es algo que solamente sabrá esa persona.

¿Y de dónde surge este patrón de conducta?
Bueno, es uno de esos entes que viene en parte heredado, en parte aprendido y en parte construido/deconstruido por la persona. Según me experiencia ese patrón lo han compuesto:
a) De niño: verdades absolutas aprendidas.
b) De adolescente: verdades absolutas contrarias a las del punto a.
c) De veinteañero: verdades no tan absolutas fruto de la mescolanza entre los puntos a y b.
d) De treintañero: verdades en absoluto absolutas fruto de la modificación de la mescolanza del punto c y de pequeños añadidos.
e) ...: ya veremos.

Recapitulando:
- La honestidad es el propio sentir interior acerca de lo que es correcto y lo que no.
- La sinceridad es la expresión más deseable a priori para alguien honesto, pero a veces puede ser una traba y hay que dejarla de lado para la consecución de un objetivo honesto.
- Cada cual es su propio juez con todo lo que ello conlleva.

Yo opino esto. ¿Y vosotros?